En defensa de la Trashumancia

Julio Grande
26/06/2011

El pasado sábado estuvimos en el puerto del Pico. Y tuvimos el honor de leer el manifiesto de este año revindicando que la trashumancia quiere seguir viva. Este es el texto del mismo:

Un año más.

Un año más el Puerto del Pico nos convoca a dar testimonio de que la trashumancia sigue viva. Que nuestras vacas y nuestras ovejas continúan con su alternativo y periódico movimiento anual buscando en cada momento el pasto y el territorio apropiado siguiendo la milenaria costumbre de usar racionalmente los recursos. De, cómo siempre, seguir practicando eso que la modernidad ha dado en llamar desarrollo sostenible.

Y estar aquí un año más es motivo suponemos de alegría. Los problemas siguen sin acabar con nosotros. Seguimos siendo supervivientes.

Problemas estructurales con crisis coyunturales o coyunturales que pasan a ser estructurales. Porque un año más estos problemas siguen siendo, básicamente, los mismos.

Y es triste esto de tener que juntarnos año tras año, para contarnos lo mismo: la falta de rentabilidad de las explotaciones, los problemas del relevo generacional, las dificultades con las normativas sanitarias, la problemática de los ataques de lobos, la falta de desarrollo de las normativas de apoyo a la actividad trashumante.

Un año más la canción tiene una música parecida. Y decimos parecida porque parece que algo empieza a moverse, que la orquesta empieza a estudiar otra partitura. Y que los movimientos de esta sinfonía pueden empezar a cambiar. Pero toda canción tiene un tempo y éste no puede ser permanentemente elástico.

Parece que podemos atisbar una nueva sensibilidad en la voluntad de poder empezar a resolver nuestra lista de sempiternos problemas. Pero necesitamos, además de comprensión, hechos.

Necesitamos que se entienda de una manera clara que no hay nada más injusto que tratar igual a los diferentes, que la trashumancia es un sistema de manejo peculiar que genera una serie de ventajas ambientales y sociales repetidas hasta la saciedad, pero que su particular sistema de manejo necesita una regulación adaptada a su realidad.

Que el hecho del aprovechamiento de pastizales separados en el espacio necesita una coordinación eficaz entre administraciones diferentes. Que desde la manifestación expresa de nuestro compromiso con la garantía sanitaria, se contemplen en la normativa las especificidades de esta práctica. Que existan medidas eficaces para facilitar y realizar los desplazamientos y subsanar las incidencias que durante los mismos pudieran suceder. Que se reconozca a todos los efectos que nuestras explotaciones tienen dos espacios y no sólo una sede administrativa. Que las infraestructuras necesarias para la trashumancia se encuentren en buenas condiciones de uso y respondan a las necesidades reales de nuestros ganaderos-pastores y de nuestros ganados. Que se reconozca que el lobo sigue matando; y que dentro de la natural convivencia que debe imperar, el ganadero-pastor no tiene que ser siempre el que salga perdiendo. Que nuestros productos tienen una alta calidad y un valor añadido que tiene que ser conocido por el consumidor y esto necesita un esfuerzo de comunicación como, de hecho, se hace con otros productos. Que se reconozca sin tapujos que la trashumancia es, además de un hecho sectorial, una cultura, una civilización.

La copla podría tener más estrofas, pero en general son sobradamente conocidas. Además, y hay pruebas de ello, no por más recitadas han sido resueltas. No queremos seguir añadiendo versos a una oda interminable, lo que necesitamos son acciones. El único compromiso real es el compromiso de la acción. Los pentagramas no suenan, lo hace la orquesta, pero el director tiene que estar atento, expectante, con la tensión suficiente para resolver un problema justo cuando surge, no cuando el público se ha marchado ya a su casa.

Esto es lo que necesitamos: que las cosas se empiecen a hacer ya. Quizá sea difícil empastar todo el grupo en poco tiempo, pero hay que corregir al menos algunos problemas de afinación, esto no puede esperar.

Es preciso evidenciar resultados que sin duda tendrán un efecto trascendente: no sólo arrancarán el aplauso en el concierto, sino que (y esto es mucho más importante) devolverán la ilusión y la confianza a un colectivo empeñado en continuar su actividad a toda costa.

El año que viene volveremos a estar aquí con las voces preparadas y los instrumentos afinados con el anhelo de que el pentagrama nos ofrezca notas nuevas, que el ritmo sea más veloz, que la alegría empiece a reflejarse en los acordes, que la música mueva nuestro sentimiento a la esperanza y que la melodía suene más viva. Y que el nombre de la convocatoria sea simplemente Trashumancia porque ya no sea necesario que tengamos que reivindicar que no hemos muerto.

Julio Grande

Imágenes: 
En defensa de la Trashumancia

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